Preguntas frecuentes

Es algo muy habitual en consulta. No necesitas tener claro qué te ocurre ni saber explicarlo “bien”. Parte del trabajo terapéutico consiste precisamente en ayudarte a poner palabras a lo que sientes, a tu ritmo y sin presión. Puedes empezar simplemente desde cómo te encuentras o qué te ha llevado a pedir ayuda.

No. En terapia siempre se respeta tu ritmo y tus límites. No estás obligado/a a hablar de nada para lo que no te sientas preparado/a. Trabajamos desde la seguridad, cuidando que el proceso no sea abrumador, y poco a poco se van abordando los temas cuando tú te sientas preparado/a para hacerlo.

Las sesiones tienen una duración de 55 minutos. Al inicio, lo más habitual es trabajar con una frecuencia semanal, ya que ayuda a dar continuidad al proceso. Con el tiempo, y según cómo evoluciones, la frecuencia puede ir ajustándose.

Sí, puede ocurrir. Al comenzar la terapia, algunas emociones o recuerdos difíciles pueden hacerse más presentes mientras empiezas a trabajarlos. Esto no significa necesariamente que estés empeorando.

El proceso terapéutico se adapta a tu ritmo y busca que puedas afrontar esas experiencias de forma segura, desarrollando recursos para sentirte mejor a largo plazo.

Cada persona es diferente, por lo que no existe un plazo igual para todos. Algunas personas notan cambios en pocas sesiones, mientras que otras necesitan más tiempo, especialmente si han vivido experiencias traumáticas complejas o de larga duración.
El objetivo no es solo aliviar los síntomas, sino conseguir cambios duraderos que mejoren tu tu calidad de vida.

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